El amor adolescente es fugaz, efímero, seductor y a la vez doloroso. Es capaz de hacerte madurad de un día para otro, pero que si no lo sabes conocer, te hace sacar los peores defectos.
La atracción física es uno de los puntos débiles de estas edades, dónde las opiniones y los gustos cambian más rápidamente que el propio clima. A pesar de esto, hay adolescentes que sí que creen en el amor. Un amor, quizá pasajero, temporal, súbito, impetuoso, apasionado y fogoso.
En esencia, un amor que enseña lo que ello conlleva; los primeros besos, los primeros cabreos sentimentales, los celos, o incluso las relaciones sexuales.
Era primavera, y con los dieciocho años a la vuelta de la esquina, Álvaro todavía no conocía lo que era el amor. Y aún así, no había ni un día en el cual no le dijeran lo bonita que era su sonrisa.
La alarma sonó a la perfección, aunque la retrasé cinco minutos más porque tenía mucho sueño. Me levanté de la cama, un poco traspuesto y sin apenas abrir los ojos, y me fui a pegarme una ducha.
-¡Llegarás tarde el primer día! – gritaba mi padre desde la cocina.
- No te preocupes, que enseguida salgo – contesté mientras caían las primeras gotas frías de la ducha, que hicieron que por poco me resbalara tras el pequeño salto que realicé acto-reflejo.
Después de salir de casa y comprobar, cuatro o cinco veces, que no me olvidaba nada., empecé a pensar cómo me recibirían mis nuevos compañeros del colegio. Y es que, este año era el más duro. Segundo de Bachiller, y encima sin conocer a nadie. – Aunque eso, Álvaro ya había empezado a conocerlo.
Un curso, en dónde mis padres me repetían cada dos por tres: “hijo, este año debes esforzarte al máximo. Debes demostrar todo lo inteligente que eres, para conseguir ser lo que, realmente, quieres. “ - Yo les contestaba,casi siempre; no os preocupeis, ya vereis como al final de curso os daré una alegria.
De todas formas, aquello lo decía para que confiaran en mí. Ya que su apoyo, era de gran importancia. Aunque debo confesaros que, a veces, todo aquello me asustaba un poco. Sobre todo el no saber si iba a ser capaz de soportar toda esa presión; tanto de mis padres, cómo de mis nuevos profesores, e incluso mis compañeros desconocidos.
Aún así me sentía capaz de superarlo. Y es que mi vida, ya ha puesto a prueba a mi fuerza de superación, más veces, en el pasado. Exactamente, con la separación de mis padres. Pero sobre todo, con la enfermedad de mi hermana pequeña.
Y aunque parece que mi adolescencia fue sucumbida por situaciones trágicas, cosas que no todo el mundo desea, pero que muchas personas de ahí fuera, han vivido o están viviendo con ellas en este momento. Yo, acepté las cosas tal y como son porque, a veces, no pueden ser de otra manera. Y que siendo de esa forma con la que suceden, debemos aprender a superarlas y a vivir con ellas.
Pienso, que no es fácil tomárselo todo al pie de la letra. Y que muchas personas creen que han sido castigadas por algo o por alguien, y no quieren pasar página. Y la verdad, es que la vida está para vivirla, no para rendirse si algo sale mal, o si surge algún problema. Porque si sólo te centras en esas cosas malas, nunca podrás ser feliz. Ni si quiera, en sueños. Así que con el paso del tiempo, vi que la única salida a todo aquello era aceptarlo. Y eso me conllevó a superarlo.
Además, seguro que estáis conmigo, de que si todo aquello que a mí me sucedió, me lo hubiera tomado como algo trágico, que no habia manera de superar, y que no podía hacer otra cosa que entristecerme por ello, no sería ahora mismo, quien soy. Y estoy seguro, de que me hubiera sido, por lo menos, un poco más difícil superarlo o hasta el punto de no llegar a conseguirlo nunca. Y sin duda alguna, el tiempo es oro. Y hay que aprovecharlo.
Esto fue lo que dije al empezar la clase tras la pregunta en alto del profesor de Biología; “Cómo habéis visto, tenemos un nuevo compañero en clase. Su nombre es Álvaro y viene con todas las ganas del mundo en este nuevo curso. ¿No es así Álvaro? -Cuéntales que piensas de segundo de bachiller. Y si no te es molestia, un poco sobre quién eres. Venga Álvaro, anímate, sal aquí fuera a la pizarra.
Después de que yo terminara, mis compañeros estaban un poco perplejos, y con ganas de saber más sobre mí. Eso lo deduje tras ver que las chicas de primera fila, estaban llorando. Un poco más atrás, unos chicos anonadados, y cuchicheando entre ellos. O el aplauso efusivo del profesor, que parecía que me iban a saltar los oídos.
Tras ello, el profesor dijo: "Gracias por conmovernos a todos con esta historia Álvaro. Si necesitas mi ayuda, o la de tus compañeros, sin duda la tendrás. Así seguro que te sera mucho más fácil adaptarte."
Creo que nunca me imaginé tan buen recibimiento.
Buen comienzo.
ResponderEliminarQué gran verdad todo lo que dices... A veces parece que algo o alguien quiera ponernos a prueba en la vida, ¿no crees? Hay cosas que no pueden evitarse, que darías cualquier cosa porque así fuera pero por más que lo intentes... no puedes... Y llevas razón, hasta que no aceptas que es imposible nunca llegas a superarlo y hasta que no llegas a superarlo no puedes ser feliz...
Y a la vez eso te hace pensar.. deberíamos valorar muchísimo más lo que tenemos y disfrutar al máximo todo...
Me encantará leer tu historia, gracias por compartirla :)
De hecho es lo que intentará mi personaje. Aunque de todas formas es complicado llegar a un sitio nuevo, y que todos te pregunte quien eres realmente y por lo que has pasado. O al menos, así lo siente él.
ResponderEliminarY a tu pregunta, sí. Siempre he pensado que hay algo que nos pone a prueba, y que debemos aprender de esas cosas. Y sin duda, debemos tener en cuenta todo lo que tenemos en cada momento, y valorarlo de tal forma que luego aunque notemos su ausencia, sepamos que mientras lo vivimos, fuimos felices con ese momento compartido.
me ha gustado el comienzo, seguire leyendote ;)
ResponderEliminarBuen comienzo. ¡Nos tienes intrigad@s! Mucho ánimo para seguir con la historia. =D
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